Catolicismo social en Hispanoamérica

No es fácil abordar el catolicismo social en Hispanoamérica en un blog. Probablemente, los casos más conocidos sean los de Argentina, Chile y México, sin desmerecer lo sucedido en otras naciones.

El caso de México no puede considerarse paradigmático, pues es complejo en toda su trayectoria política, social y eclesial. Una vez sucedida la independencia (en la que lo religioso no estuvo al margen recuérdese al cura Hidalgo o a Agustín de Iturbide), el período de gobierno liberal (1859-1910) permitió a la Iglesia católica disfrutar de una enorme expansión. Por un lado, avanzó la evangelización de los ámbitos rurales. Por otro, surgieron y se desarrollaron los movimientos de acción cívica y social formados por católicos. A finales del siglo XIX ya había catolicismo social, aún muy incipiente, en México. En 1903 se celebra el primer Congreso Católico de México y en él ya se aborda el tema del sindicalismo. En 1906, el tercer Congreso hablaba ya de justicia social, de deberes sociales de los empresarios respecto a los obreros, etcétera. Antes de la Revolución de 1910, la Iglesia católica encabezaba el movimiento social, como bien afirma Jean Meyer (La cristiada, Siglo XXI editores, 1973).

Estas circunstancias propiciaron la creación de un importante sindicalismo católico e incluso, en 1911, del Partido Católico Nacional, bajo el lema «Dios, Patria, Libertad». Desde 1913-14, la Iglesia sufrió persecuciones porque el clero y las organizaciones católicas, lejos de representar al gran capital o a la burguesía, eran cercanos al pueblo y demasiado influyentes en los campesiones y grupos sociales modestos. La Constitución de 1917 negaba personalidad jurídica a la Iglesia, prohibía las órdenes religiosas y la posibilidad de tener propiedades.

El vigor del catolicismo social mexicano se puso de manifiesto durante la persecución anticlerical del presidente Calles; en ese contexto surgió el Comité de Defensa Religiosa, alimentado por militantes de la Asociación Católica Juvenil Mexicana (ACJM) y la Confederación Nacional Católica del Trabajo. En 1925 Anacleto González Flores (hoy beato), creó la Unión Popular (UP) imitando al catolicismo social alemán. La UP estaba gobernada por un directorio de cinco miembros y se organizaba boca a boca, con una importante presencia de mujeres y campesinos en la dirección de las células, algo que incomodaba a los católicos burgueses mexicanos.

La UP pretendía organizar a los católicos en masa y de manera permanente; sus miembros debían ser abanderados de la Causa de Dios y de las libertades fundamentales, dependientes de un jefe de célula. Era un movimiento de acción cívica independiente de la jerarquía y del clero. Con gran capacidad de movimiento y difusión. Para su fundador, González Flores (el Gandhi mexicano) la UP lograría la toma de conciencia del pueblo entero y, finalmente, la caída del Gobierno anticlerical.

La legislación anticatólica de Calles también dio lugar a la formación, en 1925, de la Liga Nacional de Defensa Religiosa, promovida por varias organizaciones religiosas que evitaron consultar a los obispos para que no les pararan la iniciativa. Roma, mientras tanto, intentaba llegar a acuerdos con el Gobierno mexicano creyendo que así limitaría su afán persecutorio.

Lo que pasó después, la persecución religiosa y la toma de armas por parte de numerosos católicos, es más conocido. Se trató de la Cristiada, una verdadera epopeya de los católicos mexicanos que no contó con el respaldo oficial de la Iglesia y que terminó con el acuerdo entre los obispos y el Gobierno. Una vez firmado el acuerdo («los arreglos», en la jerga cristera), el Gobierno mexicano fusiló a los generales cristeros poniendo de manifiesto que había tomado el pelo a la jerarquía católica mexicana. Los cristeros, que habían empezado la rebelión sin el visto bueno episcopal, dejaron las armas por obediencia a los obispos. Esa lección ha quedado en la memoria colectiva del catolicismo social mexicano.

Recomiendo visitar el enlace para la Guerra Cristera y sobre los Cristeros. También hay documentación interesante sobre Anacleto González Flores.

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About catolicismoypolitica

Mi nombre es Carlos Martínez. Nací en la provincia de Badajoz, en 1940. Me licencié en Filosofía y Letras en Madrid, pero durante mucho tiempo tuve que dedicarme a cuidar del negocio familiar. De modo que, aunque no ejercí ninguna profesión relacionada, los estudios siempre fueron mi pasión y continué mi formación a distancia con las licenciaturas en Derecho y posteriormente en Ciencias Políticas. En cuanto pude, marché a estudiar a Estados Unidos, a Suffolk donde obtuve el doctorado en Historia cum laude con una tesis sobre el Maine. Durante ese mismo período fui ‘spanish lecturer’ y posteriormente ejercí allí la docencia. Después de mi jubilación desarrollo mi vida en España y continúo acudiendo algunas temporadas a Estados Unidos como profesor invitado. Eso sí, sigo encontrando nuevos asuntos sobre los que interesarme y seguir estudiando. En este sentido, Internet me parece un interesante medio para difundir parte de los conocimientos adquiridos. Con este blog sólo pretendo compartir algunas reflexiones primerizas sobre diversos movimientos del laicado católico.

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